Por Javier García, hace 3 meses y 5 días

«Desaparecida»: Otra serie española a analizar

DesaparecidaLo prometido es deuda, y después de «El Internado» toca hablar de «Desaparecida», una serie que ha terminado su primera temporada en La Uno de Televisión Española. Por cierto, qué bien utilizada está internet como herramienta de promoción en España, que no hay siquiera una mísera página oficial de la serie. Vergüenza de país.

Argumento: En el día de su 18 cumpleaños, Patricia Marcos sale a las fiestas de su pueblo para no volver nunca a casa de sus padres y desaparecer sin dejar rastro. Toda la familia y la Guardia Civil se movilizan en su búsqueda.

«Desaparecida» se aleja de la serie típicamente española (panorama dominado por la omnipresente Globomedia y sus estúpidas series «para toda la familia») y nos ofrece una producción más cercana a lo que estamos acostumbrados a ver en el cine y no en la pequeña pantalla. Algo que es de agradecer y que intenta aportar algo de seriedad al sinsentido habitual que es la ficción española. Su mayor baza es el realismo, desde la puesta en escena a los diálogos, estos últimos muy reseñables dada la falta de costumbre que tenemos por aquí de escuchar a actores que suenen como personas normales de la calle, algo que redunda en la identificación con los personajes.

Sin embargo no todo iba a ser perfecto, y ese acercamiento al cine que mencionaba antes acaba convirtiéndose en su mayor lastre debido a un factor muy común en las películas españolas: la falta de interés y de motivación del espectador. La serie habla de una desaparición, muy de actualidad en los últimos tiempos por el caso McCann, pero desde una perspectiva tan realista que no contiene ningún elemento que sirva como puro gancho.

El espectador reconoce el escenario, la situación, las circunstancias, incluso puede identificarse con las reacciones de los personajes, pero no encuentra en la serie ningún motivo especial para seguir la trama, para aumentar su interés, para atraparle en el sillón. Que conste que esto lo digo desde la perspectiva de alguien acostumbrado a las series estadounidenses y británicas, donde desde hace tiempo hay tantas propuestas de calidad que la calidad por sí misma ya no es suficiente, sino que se requiere de alguna novedad en el planteamiento o en la historia para enganchar al público. Por supuesto en España ha tenido bastante éxito porque los paladares están acostumbrados a productos aún menores. Para resumirlo, es una serie que puede gustar (de hecho gusta) a mi madre, pero conmigo lo tendrá más difícil.

Para colmo Patricia Marcos, la desaparecida, es cargante y estúpida como sólo una adolescente puede llegar a serlo, y está interpretada por una actriz realmente mediocre como es Beatriz Ayuso. Esto por supuesto no favorece en absoluto a que al espectador le interese su devenir. En este apartado el reparto se puede dividir por edades. Bastante bien los mayores, con un magnífico Carlos Hipólito y una sorprendentemente medida Luisa Martín como los padres de Patricia. Baja algo el nivel Miguel Ángel Solá como el Teniente Sierra, con una interpretación simplemente correcta empeorada sustancialmente por una pésima entonación, en sus intentos de camuflar el acento argentino (no llega al nivel De Viggo Mortensen en «El Capitán Alatriste», pero tampoco anda muy lejos). En el segundo grupo, el de los jóvenes, suspenso general. Uno no se cree ni al hermano, ni a la prima, ni al novio, ni a nadie con menos de 30 años en la serie. No sé si el nivel de interpretación está realmente tan mal entre los jóvenes actores españoles o el casting de esta serie ha sido un desastre.

«Desaparecida» es, al fin y al cabo, un intento más de la televisión española por acercarse a los estándares de los que ya gozan los países serios. Y no está lejos de lograrlo, pero a mi entender aún le falta ese puntito que se busca siempre en la ficción de hoy en día. Viendo el lado positivo, si contamos todos los elementos que conforman una serie (planteamiento, guión, interpretación, producción, etc.), hasta hace no mucho en los productos españoles fallaban prácticamente todos esos elementos, y al menos ya encontramos algunas series que sólo adolecen de algunos de ellos. Vamos progresando, lentamente, pero vamos progresando. Quién sabe si algún día de estos nos encontraremos en parrilla una serie española digna de ver.

Por Javier García, hace 3 meses y 7 días

«Eli Stone»: Primer episodio

Eli StoneEl acontecimiento del pasado viernes fue sin duda el estreno de la cuarta temporada de «Lost». Un episodio lento, sin ritmo, y con algunos fallos de guión propios de una serie novel o simplemente mala. En definitiva, un episodio indigno de una season premiere de la mejor serie del momento, aunque el papanatismo que rodea esta producción y las ganas por que volviera del largo parón hayan provocado el júbilo generalizado.

Sin embargo nosotros hablaremos de la serie que se estrenó justo después en ABC, y que incluso consiguió mejores datos de audiencia que su veterana predecesora: «Eli Stone», un drama judicial que nos viene de la mano del productor Greg Berlanti («Everwood», «Brothers and Sisters»).

Argumento: Eli Stone es un abogado que tras una serie de alucinaciones y casualidades llega a creer que se trata de un verdadero profeta, lo que le hace replantearse por completo su vida y su carrera. En medio de un caso en el que su firma defiende a una compañía farmceútica decide pasar a defender a la demandante, la madre de un niño autista, a quien resulta conocer de su época universitaria.

No voy a ser la primera persona, ni tampoco la última, en dibujar un paralelismo con «Ally McBeal», la serie de Calista Flockhart que disfrutó de gran popularidad a finales de los 90. El tono distendido y absurdo de las alucinaciones tienen sin duda como precedente las de la delgaducha abogada. Pero más allá de comparaciones obvias, en «Eli Stone» encontramos una serie incompleta, con unos personajes desdibujados y unas situaciones simplistas.

Aunque un único episodio puede resultar insuficiente para hacer un juicio justo, esta serie parece esbozada a trazos gruesos, y la impresión general es que se ha partido de una idea sin tener claros el resto de elementos. El personaje principal no acaba de ser presentado convenientemente, y al final del episodio uno se pregunta cómo era realmente antes de las alucinaciones. La resolución del juicio es una de las más estúpidas (por simple y efectista) que hayamos podido ver en una pantalla, y eso que los dramas judiciales florecen por doquier.

A nivel interpretativo la falta de background de los personajes se acaba por notar. Actores como Jonny Lee Miller («El Escocés Volador»), Natasha Henstridge («Species») o Laura Benanti, sin ser ya de por sí grandes actores, parecen algo perdidos y no acaban de estar cómodos en sus respectivos papeles.

Tras una pobre primera impresión sólo queda por ver si la serie logra encauzarse hacia algo con un mínimo interés, o si «Eli Stone» se confirma como otra decepción más entre las muchas que estamos teniendo esta temporada. Una temporada que entre la huelga de guionistas y el pésimo balance de los estrenos nos está dejando huérfanos de series a marchas forzadas. Para los que creen que estoy siendo excesivamente crítico con la cosecha de este año, sólo un dato: en la temporada 2004-2005 vieron la luz series como «Lost», «Desperate Housewives», «House», «Grey's Anatomy» y «Battlestar Galactica». Que alguien las compare con los estrenos de 2007-2008.

Por Javier García, hace 3 meses y 11 días

«El Internado»: Una serie de misterio a la española

El InternadoDesoyendo los dictados del sentido común más elemental he decidido dar una oportunidad a dos series españolas de las que he encontrado buenas referencias: «El Internado» y «Desaparecida». He empezado con la primera porque aunque las fuentes que la recomendaban eran menos confiables, su propuesta me resultaba a priori más atractiva.

«El Internado» es una serie de Globomedia (siempre es más definitorio mencionar la productora que el canal, Antena 3) que destaca en medio del vacío de talento en el que se ha convertido la televisión española, aunque más por sus intenciones que por sus resultados. Esas intenciones se centran en la loable tarea de construir una serie en torno al misterio más reconocible hoy en día internacionalmente: el de la investigación mezclada con la aventura, el de los giros de guión y las sorpresas continuas. En ella hasta podemos encontrar claros guiños a la madre de este tipo de producto: «Lost». Y quien dice guiños dice escenas y conceptos fusilados por completo.

A favor de esta serie juegan varios elementos, como una propuesta inicial atractiva y bien llevada a lo largo de los episodios, al menos en lo que a la trama principal se refiere, y una producción bastante más cuidada de lo que suele ser habitual en estos lares, que no es que sea difícil. Los muy aficionados al género, entre los que me incluyo, pueden encontrar esto suficiente para seguir la evolución de «El Internado». Realmente tiene conceptos interesantes y la historia acaba atrapando.

El problema reside en que estamos en España, y como todos sabemos Spain is different. En términos televisivos esto se manifiesta en una serie de concesiones que acaban lastrando la serie y mutilando cualquier ápice de calidad. A saber:

  • Intentar llegar al público de todas las edades: Lo que en España significa incluir en el reparto a elementos pertenecientes a todos los tramos de edad (niños, adolescentes, jóvenes, maduros y viejos) y otorgarles a cada uno de ellos una trama propia prácticamente en todos los episodios. ¿A quién le importa que una niña de 6 años discuta con su amiga?. A nadie, pero eso es lo de menos.
  • Tratar al espectador como un imbécil: Los productores españoles deben estar preocupados con el nivel de inteligencia y cultura de sus compatriotas, por lo que se esmeran en explicar concienzudamente todos los detalles del guión, resaltando hechos obvios, vocalizando descubrimientos (sí, ese momento en el que a los protagonistas sólo les queda hablar a cámara y hacer un esquema en una pizarra) y por lo general repitiendo y reiterando cada más mínimo detalle ad nauseam.
  • Carne, carne y más carne: Chicas saliendo de la ducha, chicos haciendo pesas a pecho descubierto, chicas en ropa interior... cualquier excusa es buena para enseñar cacho, por si había alguna duda de que a los jóvenes los han elegido por su físico y no por sus dotes interpretativas. Y si se acaban las excusas siempre queda el recurso de Marta Torné, que no necesita ninguna para despelotarse. Algún día va a ir andando por el bosque y un pájaro gigante le va a arrancar el vestido, ¿o eso ya ha ocurrido?.
  • Telepromociones: Realmente vergonzosa la publicidad encubierta de las series españolas. Una cosa es el product placement y otra es incluir verdaderas telepromociones en medio de la trama. Agencias de seguros o de transporte, limpiadores, encimeras... cualquier cosa vale.

A esto por supuesto hay que unirle la gran rémora del cine y la televisión españolas, y es la pobreza interpretativa de sus actores, especialmente en lo que se refiere a tratamiento vocal (que alguien me explique por qué entonan tan mal y suenan tan poco naturales los actores españoles, por favor). Que Marta Torné sea de lo más convincente de la serie habla bien a las claras del nivel medio que nos podemos encontrar. Amparo Baró es probablemente la mejor actriz del reparto, pero prácticamente repite su papel en «7 Vidas», el de cascarrabias con buen corazón, lo que resta convicción al personaje. Luis Merlo, un actor simplemente correcto, no acaba de encajar nunca como director del centro. Natalia Millán nunca ha sabido interpretar por lo que su pésima labor no es ninguna sorpresa.

Pero es en los jóvenes del reparto donde encontramos mayores lagunas. De ellos sólo a Ana de Armas se la puede considerar actriz; el resto son unas caras bonitas que se colocan delante de la cámara y recitan sus líneas de diálogo con mayor o menor fortuna (normalmente con poca). Y dado que la trama principal, la de misterio, la desarrollan mayormente los jóvenes, la serie termina bajando muchos enteros.

En definitiva «El Internado» es una serie que mezcla ideas interesantes con momentos realmente bochornosos, propios de nuestra maldita televisión. Uno tiene la impresión de que si J.J. Abrahams hubiera presentado la idea de «Lost» a una televisión española, teniendo en cuenta todas las concesiones que hay que realizar por capítulo, los guionistas hubieran dispuesto de 10 minutos escasos por entrega para desarrollar la trama. Entre los supervivientes del avión hubiéramos encontrado 2 o 3 niños, y sus estúpidas aventuras ocuparían la mitad del metraje. Kate se bañaría desnuda en el mar todos los días y las barras de chocolate no serían Apollo, serían Kit Kat; y Jack miraría a cámara y diría «Hmmmm, que rica y crujiente».

Por Javier García, hace 3 meses y 17 días

«Breaking Bad»: Primer episodio

Breaking BadComienzan a desvelarse las nuevas series de este año 2008, y la primera en tomar la rampa de salida ha sido «Breaking Bad», un drama con toques de comedia que ha empezado a emitirse el 20 de junio en AMC, el pequeño canal que tomó gran protagonismo en la entrega de los Globos de Oro por el rotundo éxito de «Mad Men».

Argumento: Después de llevar una vida anodina como profesor de química en un instituto, Walter White descubre a los 50 años que tiene cancer de pulmón y que no le resta mucho tiempo de vida. Preocupado por la situación económica de su familia, su mujer embarazada Skyler y su hijo Walter Jr., que tiene una parálisis cerebral, decide aplicar sus conocimientos químicos a la producción de metanfetaminas cristalizadas, introduciéndose en una nueva vida llena de riesgos.

Si por el argumento se pueden encontrar claros paralelismos con «Weeds», una vez vista la serie éstos no llegan nunca a manifestarse claramente. En la serie de Mary-Louise Parker el tono de comedia está mucho más marcado, sin embargo «Breaking Bad» se trata de un drama con algunos elementos de comedia oscura (muy oscura). Es ésta una serie más adulta, más cínica, y con un ritmo narrativo menos convencional.

El personaje de Walter cobra un protagonismo absoluto, apareciendo en todas las escenas del episodio. Lo interpreta muy acertadamante Bryan Cranston, más conocido por el papel de padre en «Malcolm in the Middle», en una actuación medida que mezcla a partes iguales desapego con la vida y desesperación. Le acompañan en la serie Anna Gunn («Deadwood») como su mujer Skyler, el desconocido RJ Mitte como su hijo Walter Jr, y Aaron Paul («Big Love») como Jesse Pinkman, el joven socio del profesor.

Si bien el planteamiento inicial puede parecer algo tópico, la forma en que éste se desarrolla hace de «Breaking Bad» un producto realmente atractivo. El cambio en la vida de Walter no es fruto meramente de la necesidad o el deseo de una última gamberrada; es un nuevo rumbo en el que el personaje se replantea numerosas cuestiones vitales y que acaba transformándole por completo: un último fogonazo de una existencia hasta ese momento totalmente gris. El primer episodio ha dejado muy buenas impresiones, por lo que habrá que seguir la serie para comprobar si confirma sus expectativas.

Por Javier García, hace 3 meses y 18 días

«Jericho»: Segunda temporada

JerichoEs el caso de «Jericho» uno de los más curiosos a los que hemos asistido en los últimos años. La serie fue en principio cancelada por sus bajos datos de audiencia, especialmente en los episodios posteriores a un parón de 3 meses que resultó determinante. Sin embargo una campaña de los aficionados, consistente en enviar toneladas de nueces a la CBS (en referencia a una frase del último episodio emitido hasta entonces: «Nuts!»), consiguió lo que parecía imposible, resucitar al muerto y otorgar a «Jericho» una segunda temporada de 7 episodios con los que concluir su trama.

La cosa no queda ahí, y es que gracias a la expectación generada por el retorno y la falta de propuestas que ha ocasionado la huelga de guionistas es de esperar que los datos de audiencia sean ahora mucho mejores. Tanto es así que para esta segunda tanda de episodios se han creado dos finales, uno que cerraría la serie completamente y otro que abriría la puerta a una tercera temporada.

La segunda temporada comienza el 12 de febrero, pero sus 3 primeros episodios se han filtrado a través de internet (no podía ser de otra forma en la temporada de los preair). En ellos notamos una producción menos cuidada y una trama más centrada en los acontecimientos generales y en un grupo más reducido de personajes. Con todo, la serie adolece de los mismos errores que en su primera temporada, y es que parece que los guionistas tenían pensado un espectacular inicio y una explicación a los acontecimientos que en él ocurren, pero hasta ahora se han mostrado incapaces de desarrollar subtramas mínimamente interesantes.

Porque para qué nos vamos a engañar, «Jericho» es una serie mala a rabiar: diálogos para besugos (ostenta el récord no oficial de número de clichés por episodio), una trama que nunca ha parecido tener más recorrido que el de una miniserie, escenas de acción mal ejecutadas y algunas de las peores interpretaciones que se han visto en mucho tiempo. En especial la de Skeet Ulrich, que probablemente no podría actuar peor ni aunque se lo propusiera.

«Jericho» se sustenta casi exclusivamente en su prometedor planteamiento inicial, unos Estados Unidos casi apocalípticos tras la detonación de varias bombas en sus principales ciudades, y los intentos de conocer la verdad por parte de un grupo de personajes desde un pequeño pueblo de Kansas. Tan fuerte fue el arranque de la serie que su inercia mantiene a gran parte de los espectadores, y es que yo diría que la mayoría de éstos ven la serie simplemente «por ver cómo acaba». Lo más curioso es que una producción que se basa casi exclusivamente en una única idea, sin nada más que contar, pueda verse prorrogada a una tercera temporada. Veremos si esa idea es suficiente.

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